Luego de diez años regresamos a Córdoba junto con una marcha diversamente camuflada. Reunimos fuerzas con otrxs activistas en pos de la visibilidad trans y unimos nuestros silbidos contra la burocracia homosexual que sigue privilegiando los derechos civiles gays-lésbicos, por sobre las reivindicaciones urgentes de otros colectivos.
Lejos de toda corrección política, nos alineamos bajo la única bandera que se animó darle un lugar a lo abyecto entre las franjas del arcoiris. Manflóritos, mutantes, invertidxs, pakis, travas, binormas, desviados, lamezorras, trolebuseras y agentes trans, entre otrxs exponentes marginales de una comunidad GLBT que tiende a concentrarse en sus primeras letras.
Carne intersex, trans, travesti, mamabicho y tortillera dejando huella. Un camino de ida, y de vuelta, pintado con aerosol de colores… una burla de salón al ojo que nos examina con morbo:
“Yo no me quiero casar, ¿y usted?”, “Yo cambié de sexo, pregúnteme cómo”,
“Soy travesti lesbiana y me acuesto con tu hermana” y “La heterosexualidad tiene cura”.
Fuimos a poner el lomo y a extender una invitación a cuestionarnos, cada unx la propia mirada.
Lejos de toda corrección política, nos alineamos bajo la única bandera que se animó darle un lugar a lo abyecto entre las franjas del arcoiris. Manflóritos, mutantes, invertidxs, pakis, travas, binormas, desviados, lamezorras, trolebuseras y agentes trans, entre otrxs exponentes marginales de una comunidad GLBT que tiende a concentrarse en sus primeras letras.
Carne intersex, trans, travesti, mamabicho y tortillera dejando huella. Un camino de ida, y de vuelta, pintado con aerosol de colores… una burla de salón al ojo que nos examina con morbo:
“Yo no me quiero casar, ¿y usted?”, “Yo cambié de sexo, pregúnteme cómo”,
“Soy travesti lesbiana y me acuesto con tu hermana” y “La heterosexualidad tiene cura”.
Fuimos a poner el lomo y a extender una invitación a cuestionarnos, cada unx la propia mirada.
Agentes T